viernes, 28 de octubre de 2011

Canta la hierba, de Doris Lessing

Hace dos días terminé "Canta la hierba". Es un libro de esos que empiezan por el final - el asesinato de la protagonista inglesa a manos de su sirviente sudafricano - y que permiten que todo el resto de las páginas se concentren en la historia.


Mary es una mujer solitaria. Siempre lo ha sido. Vive en la ciudad, trabaja como secretaria y tiene muchos amigos. Pero basta con que, en algún  momento, escuche que no está hecha para el matrimonio, para que le den unas ganas locas de casarse con el primero que se lo proponga. Y eso hace. Termina viviendo en una granja desolada, empobrecida casi al extremo de la locura, y en absoluta infelicidad conyugal. Así parte (o termina) su vida de verdad.

Creo que la magia de la literatura es que permite encontrar en un par de páginas miles de respuestas, y que, a la vez, queden por responder miles de preguntas. En este libro en particular, me quedo con la sensación de que hay personas que nunca conocen el amor en ninguna de sus formas. A Mary no la quiere nadie. A Dick, su marido, tampoco. Y a Moses, el sirviente, no lo sé. Quizá. Doris Lessing es experta en que, al final, nada en el mundo sea muy claro.

domingo, 7 de agosto de 2011

Óyeme con los ojos, de Gloria Cecilia Díaz

"Óyeme con los ojos" es un libro precioso. Y es que a pesar de que el argumento pueda parecer triste - se trata de un niño que quedó sordo después de un accidente - o el título sonar a texto de autoayuda, la historia es muy linda y está contada de una manera brillante.

Horacio, el protagonista, tiene la capacidad de ver más allá de lo evidente. A diferencia de los demás miembros de su familia, no le asustan las personas distintas. Es un niño sordo que nunca va a volver a oír, pero escucha de otra manera. Descubre lo que la gente esconde y piensa por sí mismo. Rompe los mitos de una discapacidad que él sabe que a veces asusta.

"Óyeme con los ojos" es un libro pensado para niños, pero no tiene nada de infantil. Me encantó de verdad.

viernes, 15 de julio de 2011

Pasiones del espíritu, de Irving Stone


Si algo he aprendido en estos cinco meses de cesantía, es a tener paciencia. Algo que, por algún motivo, no había logrado nunca antes en mi vida. Pero claro, cinco meses es nada. Eso me queda claro después de haber leído la biografía de Freud.

Sigmund - Sigi, para los amigos - tuvo que soportar años de frustraciones. Rechazaban sus ideas, lo rechazaban a él, rechazaban todo. La sociedad no lo quería. Pero de alguna manera se mantuvo firme en su camino y llegó a ver su nombre grabado en granito. Algo que varias veces dijo que no le interesaba, pero que en realidad era su motivación más grande.

No acostumbro a leer biografías. Pero como mi principio es leer todos los libros que me presten, leí a Irving Stone. Y lo amé. A diferencia de las biografías que se limitan a hechos científicos o históricos según sea el caso, en "Pasiones del espíritu" está toda la historia de Freud. Desde que estudiaba medicina y era más o menos pobre, hasta que se casó con el amor de su vida y terminó convirtiéndose en el fundador del sicoanálisis. Stone no le tiene miedo a los detalles, y eso es fascinante. Claro que no resultó un libro fácil. Sí resultó una experiencia enriquecedora, completa y compleja, donde pude conocer las miles de aristas de quien, para mí, se acaba de convertir en un genio incomprendido.

Por eso, como Freud, decido tener paciencia. Quizá algún día yo también cumpla todos mis sueños y vea mi nombre grabado en granito. O en la portada de un libro.

miércoles, 1 de junio de 2011

Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer

Me acuerdo que cuando vi esta película, hace unos cuatro años creo, me encantó. Le encontré linda y trágica. Un universitario buscando la libertad y aislarse del mundo frívolo y vil me parecía el tema perfecto para mis 22. Pero claro, ahora leí el libro y fue distinto. Me costó encontrar en mí los rasgos de Chris McCandless que antes me parecían tan cercanos. De hecho, me cayó un poco mal. Ahora pienso que su soberbia lo terminó matando. 

Independiente de eso, el libro es un buen reportaje. A pesar de que Krakauer es alpinista y se sintió identificado con esta historia - o quizá por eso mismo - logra mantener cierta distancia y contar los hechos de una forma más o menos objetiva. Durante su investigación habló con mucha gente,  visitó los lugares donde había estado McCandless y leyó los mismos libros que él. Su trabajo queda reflejado en el texto. Sí me pareció un poco lento, aunque era esperable. Debe haber sido difícil seleccionar qué contar.

El sábado fuimos con mi novio a un parque nacional y caminamos durante tres horas en medio de árboles y cruzando pozas y ríos y escuchando cantar a los pajaritos. En ese momento pensé que no vale la pena venir al mundo si no lo conocemos. Pasar toda la vida en el ruido de la ciudad no nos va a entregar grandes revelaciones sobre quiénes somos. La naturaleza es lo único permanente. Un alerce que lleva más de dos mil años en el mismo lugar ha sido testigo de mucho más de lo que yo veré en mi vida. Estaba ahí muchísimo antes de que yo fuera a nacer y ahí seguirá cuando me muera. 

Entonces, claro, en cierta forma entiendo a McCandless. Es sólo que no comparto su escala de valores.

lunes, 23 de mayo de 2011

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery

Acabo de terminar de leer y siento que algo me pesa.
Que me falta un poco el aire.


Ayer estábamos con mi suegra en el aeropuerto mirando libros, y de repente le dije que tenía muchas ganas de leer "La elegancia del erizo". Me lo regaló. Y aquí estoy ahora, acostada en el sillón del living frente al fuego, tratando de procesarlo. No sé si la historia me dejó triste, esperanzada, nostálgica, o todo a la vez. Sí sé que si tuviera que elegir un solo estilo para leer el resto de mi vida, sería éste. El de historias sencillas contadas de forma inteligente, donde la soledad, la felicidad y el sentido de la existencia son los temas en torno a los que transcurre todo lo demás.

Muriel Barbery no estudió para ser escritora, y quizá eso mismo la convierte en una escritora excelente. Filósofa francesa, no se queda en las vaguedades obvias que cualquiera podría esperar de su profesión - y de su procedencia, a mi juicio los franceses tienden a ser rebuscados -, sino que convierte las divagaciones sobre la belleza y el arte en el sentido más profundo de la vida. Para mí, que he pasado veintiséis años tratando de encontrar ese sentido, este libro es un regalo invaluable. Soy consciente de la mortalidad y de que nada dura para siempre. Las dos son certezas me angustian y me liberan. Creo que a los personajes de Barbery les pasa un poco lo mismo.

"Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren".
Paloma.

viernes, 13 de mayo de 2011

Come, reza, ama, de Elizabeth Gilbert

Ayer, una amiga a quien quiero mucho me entregó varios libros. Me dijo que leyera éste primero. Le hice caso y lo acabo de terminar, envuelta en una frazada - hace frío acá - mientras ordeno mis ideas para escribir. No he visto la película, y no tenía muy claro a qué atenerme con una historia que tan rápido se convirtió en best seller. Pero me encantó. Disfruté cada página como si hubiera formado parte de esa jornada de autoconocimiento que muchos deben haber considerado un lujo pero que yo considero una responsabilidad de las más importantes. Conócete a ti mismo, decían los griegos, y tenían razón.

Me gustan las historias cotidianas. Me gusta que la gente escriba sobre lo que hace y lo que piensa, porque siempre he creído que todos somos más o menos lo mismo y, cuando leo este tipo de historias reafirmo mi creencia. Fue fácil identificarme con Elizabeth y su constante búsqueda de respuestas. Disfruté tanto su paso por Italia que ahora sólo pienso en un plato de tallarines. Su viaje por India me hizo anhelar la espiritualidad. Y aunque de Indonesia no logré pensar en nada que me hiciera falta - ya voy a cumplir tres meses de vacaciones casi ininterrumpidas - me gustó la sensación de equilibrio final.

Si tuviera que explicar de qué se trata "Come, reza, ama", diría que es la búsqueda que hacemos todos, todos los días, pero concentrada en un año y tres países. La búsqueda consciente de la felicidad, de la paz, de nosotros mismos. Es un libro que me hizo reír mucho y llorar un poco, y eso siempre es bienvenido.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La caída de los gigantes, de Ken Follett

A diferencia de mi mejor amiga, soy mala para la historia novelada. Me cuesta leer sobre hechos reales de hace tanto tiempo, de tanta importancia, sin saber si lo que estoy leyendo pasó de verdad. Porque además soy mala para la historia en general. Pero bueno, acostumbro a leer todos los libros que me prestan, así que leí a Ken Follett y supe después de mil páginas que la I Guerra Mundial la perdió Alemania. No me acordaba. Culpo un poco a mis profesoras del colegio - no a todas, que conste - que convertían los hechos históricos más entretenidos en un montón de fechas y gobernantes imposibles de recordar.

"La caída de los gigantes" me entretuvo. A pesar de que me costó empezarlo, resultó ser un texto ágil, con muchos personajes bien definidos y verosímiles que se cruzaban en lugares y momentos diferentes, con un par de protagonistas femeninas de lo más inteligentes y defensoras de los derechos de las mujeres en una época en que era mucho peor visto que ahora. Y eso que todavía no todos miran la igualdad de género con buenos ojos, aunque se empeñen en hacer que creamos lo contrario.

¿Lo recomendaría? No sé. Puede resultar largo para alguien que no tenga demasiado tiempo disponible para la lectura. Probablemente si estuviera trabajando - como espero que ocurra luego - me habría costado bastante más enganchar con Follett. Mucha descripción y muchas conversaciones políticas para mi gusto. Pero también un montón de anécdotas interesantes y buenos diálogos, además de relaciones complejas y triunfos de esos que dejan un sabor dulce. Un prescindible para quienes prefieran la literatura abstracta y un infaltable para los fanáticos del realismo. Ése sería mi veredicto.